SOCIEDAD
DISCAPACIDAD Y SEXUALIDAD

DISCAPACIDAD Y SEXUALIDAD

Cuando hablamos de discapacidad, aún seguimos escuchando discursos erróneos y colmado de tabúes.

Como punto de partida, es necesario saber que la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad, entiende que el concepto de discapacidad alude al conjunto de condiciones del entorno que obstaculizan el pleno desarrollo de los sujetos. La discapacidad no es un atributo de la persona, aunque haya un sustrato fisiológico, cognitivo o psicológico. Es decir, que el verdadero núcleo del problema se enfoca en el medio que discapacita, generando o consolidando la discriminación y exclusión.

Ahora bien, que la Convención haya llegado a esta instancia, no fue un logro inmediato ni sencillo. Como en toda lucha, existió y existe un colectivo de personas, en este caso de personas con discapacidad, que busca que se los reconozca como sujetos y no por el nombre del diagnóstico que los acompaña. Este reconocimiento responde, ni más ni menos, que al derecho a la dignidad. Derecho y cualidad intrínseca, universal y esencial de cada ser humano.

Y si hablamos de derechos, la sexualidad ¿cómo es pensada en las personas con discapacidad? O mejor dicho ¿es pensada? O ¿caemos en la creencia de que por tener un diagnóstico de paraplejia o síndrome de Down no tienen una vida sexual activa?   Si hay algo que nos constituye es la sexualidad y por ello es necesario profundizar en la temática. Algunas fantasías que giran en torno a ellas se sostienen en las siguientes creencias: “son eternos niños”, “son unos angelitos”, “no tienen vida sexual o tienen una sexualidad especial”.

Estas representaciones, que están cargadas de lástima y compasión, nada tienen que ver con la realidad de las personas con discapacidad. Todos somos seres sexuales, porque la sexualidad no es algo que se tiene sino algo que se es. Y, en este sentido, retomar y poner en práctica el buen uso de la ley 26.150, es decir la ley de educación sexual integral (ESI) aporta claridad a la temática en cuestión, pero ¿de qué manera? Bueno, uno de los ejes que se trabaja desde la E.S.I. Tiene que ver con el cuidado del cuerpo y la salud. Este punto no sólo hace referencia a entender la salud como ausencia de enfermedad, sino también a una mirada integral en donde se incorporan aspectos psicológicos, sociales y culturales. Para abordar este eje, es importante propiciar una reflexión crítica sobre las diversas corporalidades y los mensajes de belleza que circulan en el imaginario social. Cuestionar estereotipos, es una manera saludable de aceptar la diversidad en su máxima expresión: cuerpos de todos los tamaños, formas y funcionalidades. Cuerpos con y sin apoyos, con prótesis, bastones o en sillas de ruedas; cuerpos al fin.

Siguiendo esta línea de análisis, la ley permite desnaturalizar la idea de que sexualidad y genitalidad son sinónimos. La sexualidad incluye a la genitalidad, pero no se reduce a ella. En el encuentro con un otro, las caricias, los besos y la comunicación erótica también forman parte de la sexualidad, solo que hemos aprendido a desestimarlos y a minimizarlos, ubicando a la penetración como protagonista del encuentro. Entonces ¿tener paralizada la mitad del cuerpo es un verdadero obstáculo a la hora de tener un encuentro sexo-afectivo o es algo que hemos sostenido por escasez de información y aprendizajes erróneos?

Imagen destacada: Se observa a una chica con Síndrome de down dándole un beso en el cachete a un chico también con SD. Crédito: asdra.org.ar

Toda la información sobre discapacidad la encontrás en: www.periodismoadaptado.ar

 

Erica Ivana Martínez. M.P. 13224

 

 

 

 

 

 

 

 

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